La batería de medidas con la que los actuales funcionarios pretenden revertir un proceso inflacionario creciente y que es inherente al modelo, sorprende por su reiteración y su probada ineficacia.
Hace ya unos cuantos años que venimos predicando prácticamente en el desierto que el modelo productivista seguido por el actual gobierno (y por el anterior) es esencialmente inflacionario. Hemos señalado una y mil veces que las causas de la inflación no están dadas por las subas de precios estacionales o locales. La inflación es la suba generalizada y persistente de los precios, que se produce cuando los nuevos precios son convalidados por la demanda de la población. Dado un nivel de bienes y servicios, solamente puede producirse tal suba generalizada si aumenta la cantidad de moneda en circulación. Inciden marginalmente otros factores, como la llamada velocidad de circulación del dinero. Pero esencialmente estamos en un problema monetario, de expansión del circulante. Y eso solamente es posible porque el Estado emite más moneda.
El problema del actual modelo está originado, esencialmente, en la inyección de dinero impreso para adquirir divisas a valores superiores a los del mercado. Es así como el Estado ha venido logrando en estos años un supuesto superávit fiscal que en realidad no es tal, sino que es la consecuencia de asignar a la moneda un valor inferior al real, o lo que es lo mismo: un valor superior al real a la divisa extranjera.
Ese supuesto superávit ha venido gastándose año tras año en obra pública, en subsidios, en planes de ayuda, en lo que fuere. Ese incremento en el gasto únicamente estuvo sostenido por el excedente de moneda que dio lugar al superávit fiscal primario del que tanto se ha hablado y escrito.
Cuando vemos ahora a los funcionarios hacer cosas tan curiosas como pretender que los préstamos se otorguen a tasas de interés negativas (esto es por debajo de la inflación real esperada), al tiempo que se afirma como tantas veces en el pasado que comprar dólares es mal negocio (como acaba de afirmar la señora Marcó del Pont), no podemos menos que preocuparnos. Y ya no hablemos de las intervenciones ridículas a cargo de ridículos personajes, esencialmente prepotentes y patoteros, que cuentan sin embargo con el aval oficial.
La economía no se construye con patotas o con prepotencia. Tampoco con ayudas y promociones. Al contrario. Tanto unas como las otras, estas anomalías no hacen sino dar la señal de alerta obvia de toda obviedad: si no hay inversiones y si los precios no se acomodan a los deseos oficiales es porque algo no está funcionando. Y no al revés.
Hemos señalado también muchas veces que resultaba cuando menos contradictorio que cuando la economía crecía a tasas superiores al 8% anual, no se multiplicaran raudamente las inversiones para aprovechar justamente la buenaventura.
La ecuación es bien simple: la inseguridad jurídica, la anomia, la prepotencia, la intromisión de funcionarios con suficiente poder ilegal como para intentar lograr que precios y salarios, bienes y servicios, sumas y restas funcionen como el poder político lo desea; no son elementos que contribuyan al llamado clima de negocios. Desalientan la inversión y dan lugar a renovadas intervenciones como planes de diversa índole para consumo de automóviles, para compra de una primera propiedad, para adquisición de electrodomésticos o para lo que fuere. Obsérvese que tales planes apuntaban al consumo, que ahora se considera que es dañino porque la inflación actual (que para algunos no es inflación) está motivada, según la opinión oficial, en la falta de oferta. Ora se promueve la demanda, ora se promueve la oferta. Lo mismo y lo contrario casi sin solución de continuidad y con pocos meses de diferencia.
Cualquier inversor medianamente sensato tendrá cuidado de arriesgar su capital en un país donde luego los precios serán fijados al gusto de un ex presidente, o alguien decidirá que no puede exportar sus productos, o tal vez le manden un piquete porque subió algún precio sin permiso, o lo que fuere. No es sino de Perogrullo todo esto.
Es por eso que una y otra vez el actual gobierno y el anterior se topan con la triste realidad de que deben llamar a la inversión, otorgar comodidades y facilidades y hasta apretar a empresarios y banqueros para que produzcan, den préstamos a bajas tasas, y comercialicen productos a valores que al gobierno les parezcan adecuados.
La actual presidenta del Banco Central no solo ha venido a colocar el sello según el cual el Banco Central ha dejado de ser autónomo del poder político. Se trata de una profesional de larga trayectoria que ha creído desde siempre que el problema de la economía argentina se resuelve si se facilitan los créditos para mejorar la oferta de bienes y servicios. Facilitar los créditos significa prestar dinero a tasas negativas. Prestar dinero a tales tasas significa varias cosas: la primera es que haya colocadores de dinero (depositantes en instituciones bancarias) que aceptan tasas negativas, la segunda es que alguien habrá de hacerse cargo de las pérdidas por la concesión de tales tasas, la tercera es que muchos pensarán que en lugar de colocar dinero a esas tasas es mejor comprar dólares o bienes. Y finalmente si se logra que se produzcan más bienes deberá haber compradores a los precios que tales bienes salgan a la venta. Para lo cual entre otras cosas harán falta créditos al consumo, que actualmente se busca redirigir a la producción. Diríase que una vez más la proverbial sábana corta se apodera de la realidad.
Mientras tanto, la otra pata de la sota es el Sr. Guillermo Moreno prepoteando y apretando a todo el mundo para que los precios no sólo no suban, sino que bajen. Que los precios bajen pero que quienes deban bajarlos produzcan más para vender a los nuevos precios más bajos, eso es lo que se pretende. Moreno es la persona que entre otras cosas ha dicho públicamente que si se controlan los costos y los márgenes de utilidad se cierra el círculo para la fijación de los precios. Pocas veces alguien con un cargo público de relevancia en materia económica ha dicho algo tan inconsistente.
Suponiendo que sea legal controlar costos y márgenes de ganancia, es obvio que los primeros podrían subir indefinidamente manteniendo los márgenes de ganancia y haciendo que los precios también suban indefinidamente. El absurdo está además en suponer que los precios pueden subir indefinidamente porque la gente podrá pagar cualquier cosa. Es decir que si mañana el quiosquero pretende vendernos un paquete de caramelos a un millón de pesos, lo pagaremos.
El enredo en que se ha caído en este burdo intento por promocionar y a la vez castigar, sólo es posible en el marco de presiones políticas o psicológicas incomprensibles para nosotros. Una cosa o la otra. O comerciamos libremente y así producimos más, o lo hacemos coercitivamente pero alguien se hará cargo de las pérdidas. O achicaremos la producción o lo que fuere. Nadie invierte para no saber qué ocurrirá más allá de los riesgos propios del mercado.
Someter millonarias sumas de dinero al arbitrio de funcionarios es algo impensado. Y no sólo en la Argentina.
Es así como el actual gobierno se debate en la impotencia. Lo mismo que antes el gobierno de Néstor Kirchner y luego el de su esposa hasta ahora.
La señora de Kirchner utiliza el micrófono para pasar facturas a todo el mundo, como es sabido. Habla siempre de la falta de memoria de los otros, nunca de la suya. En lugar de señalar lo positivo y mirar hacia adelante, lo que hace es mirar hacia atrás y comparar situaciones que en general desconoce.
Nosotros expresamos una opinión a nuestro entender seria y profesional. Lo hacemos desde hace ya varios años y lamentablemente creemos no habernos equivocado. La inflación es un fenómeno monetario y el responsable es el gobierno, no los particulares. Ningún precio es tal si no es convalidado por el mercado. Que la moneda haya perdido 13 ceros entre 1970 y 1992 no es culpa del almacenero de la esquina.
Nada cambiará esta realidad como no sea atacar las causas de la inflación, que no son otras que las emisiones de moneda sin respaldo asignando valores altos a las divisas.
La señora Marcó del Pont ha señalado que comprar dólares no es negocio . La frase recuerda a la de Lorenzo Sigaut, aquella tan difundida de que el que apuesta al dólar pierde . En un marco como el actual, ante una moneda argentina prácticamente despreciada en el mundo entero (incluyendo los países limítrofes), casi parece un chiste sarcástico.
Más allá de la inexistencia de un INDEC confiable por culpa, justamente, del propio gobierno, lo cierto es que la inflación rondará cerca del 20% durante 2010. Si esto es así, ¿qué pasará con el dólar? Porque la realidad es que si el dólar se mantiene en valores muy distantes a los de la inflación real, la gente saldrá a comprar dólares para aprovechar su precio. Cosa que ya ocurre y que el secretario Moreno pretende impedir multiplicando las trabas para vender dólares a la gente, generando así el llamado dólar blue , es decir el mercado negro. ¿Acaso la señora Marcó del Pont pretende que la gente la escuchará y hará otra cosa cuando al mismo tiempo las señales que llegan son las de que hay que impedir que la población compre dólares? Es absurdo e inconsistente.
Los planes, acuerdos, trabas, sermones, aprietes y demás, solamente muestran la impotencia oficial. Una impotencia que tal vez se torne en cierta forma de violencia insultadora, como está ocurriendo. O más bien como sigue ocurriendo.
Si la población está hoy en condiciones de entender que en los procesos inflacionarios llega un momento en que la culpa deja de tenerla el comerciante de la esquina para pasar a tenerla los gobernantes, no lo sabemos. Pero en algún momento tal cosa ocurrirá inexorablemente.
En el momento de mejor distribución del ingreso en la Argentina , a mediados de los 70 con la inflación cero de José Ber Gelbard, los precios estaban todos fijados y controlados por el gobierno. Los índices mostraban que tal distribución era ideal, pero cuando uno iba al mercado las estanterías de los entonces Minimax estaban vacías. En los papeles todo estaba muy lindo, pero la realidad se mostraba muy diferente.
El camino seguido por los actuales gobernantes conducirá a algo muy similar a lo descripto. La impotencia está en pretender atacar la inflación atacando las consecuencias, como Diocleciano en el siglo III de nuestra Era. Y lo que es peor: al mismo tiempo el propio gobierno retroalimenta las causas. Y para colmo continúa con la política de mentiras estadísticas. Un verdadero cuadro surrealista.
EL FONDO DEL BICENTENARIO
El desvío de las reservas del Banco Central, en caso de concretarse, se consigue emitiendo una letra del Tesoro Nacional por el monto requerido. Esto significa que el Central reemplaza sus reservas con un pagaré a determinada cantidad de años. Si luego el fondo es destinado a gasto corriente o inversión en obras, es necesario que el Tesoro venda las divisas para hacerse de pesos. Esos pesos se incorporan al circulante y constituyen expansión monetaria, con la agravante de que el Central paga por esos dólares el valor fijado para mantener el llamado dólar competitivo. Por tal razón si el fondo se utiliza de esta manera, es absolutamente inflacionario.
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jueves, 4 de marzo de 2010
Cómo hacer el primer millón
Si uno escribe “how to make a million” en Google, el buscador le devolverá 291 millones de respuestas de la más variada índole, con gurúes del dinero fácil, mentados análisis de estrategas financieros, notas de las más prestigiosas revistas de economía y negocios, casos de éxito de gente de 20, 50, 90 años de edad…todos quieren ser millonarios.
Pero la imagen del grupie que tradea sus escasos ahorros hasta convertirlos en una montaña de plata con osadas apuestas financieras poco tiene que ver con la construcción de la fortuna personal. Para ser claros: hombres como George Soros, que apostó en 1992 10.000 millones de libras a que esta moneda se devaluaría, no abundan.
Los especialistas del dinero, esos que escriben libros sobre finanzas personales, estudian casos de éxito e intentan alcanzar con mayor o menor suerte la fórmula para hacerse ricos, coinciden en algo: el esfuerzo personal es el que, con los años, trae réditos.
Robert Kiyosaki, el autor del libro Padre Rico Padre Pobre, deja en claro que lo primordial para hacer dinero es la perseverancia. Llega al extremo de recomendar el priorizar la inversión propia y arreglársela como se pueda con las deudas y los créditos tomados. Eso, argumenta, generará cierta autodisciplina financiera y hará aprender a no tirar el dinero.
Marcelo Elbaum, cofundador del fondo de inversión Convexity Asset Management y autor del libro Ser rico es posible, que salió a la venta este mes, lo deja en claro desde el comienzo. “Por lo general, hacer el primer millón de dólares no es algo que se dé de un día para el otro. Lleva entre diez y veinte años”, afirma.
Así, luego de pedir paciencia, brinda a Inversor Global algunos consejos para administrar el dinero y reproducirlo. “Las tres patas de la riqueza son la administración del dinero, su uso – cuánto se gasta y se ahorra - y su administración”, comienza.
La generación del metálico tiene que ver con la economía real, con la actividad de todos los días. “Hay que tener cuidado con el mito de la ‘independencia’, porque sólo el 30% de los emprendimientos llega al segundo año y el 10%, al tercero”, alerta.
Por eso, recomienda “definir qué quiere hacer cada uno con su carrera”, si convertirse en el mejor especialista dentro de determinada área de una compañía o adquirir una visión general y menos detallada que permita ascender más allá del departamento en el que cada uno se desempeña.
En cuanto al ahorro, define que “hay que ser austero sin ser tacaño”. Cuatro consejos al respecto: “Que el auto no supere el 15% del patrimonio neto, evitar las compras compulsivas, que el nivel de endeudamiento no sobrepase el 40% de los ingresos y que las vacaciones no se lleven más que un aguinaldo”.
Por último, a la hora de administrar los recursos generados con el sudor de la frente y no antes es cuando entran los asesores de inversión y el mágico mundo de los mercados financieros.
Elbaum recomienda establecer en la cartera metas de corto, mediano y largo plazo. La primera, para mantener los niveles de riqueza, la segunda, para asentarla sobre bases más sólidas y la tercera, para asegurarse un ingreso futuro.
“Las alternativas de inversión tienen que buscarse de acuerdo a los objetivos personales: si en dos años quiero cambiar de casa, en cinco tener mi propio negocio y en 20 jubilarme, debo manejarme con niveles de riesgo que me permitan congeniarlos”, explica.
No hay recetas que garanticen el éxito ni caminos de rosas. Estos casos, probablemente, aparezcan menos ríspidos que las generales de la ley. Pero sirven para entender un poco mejor qué pasa por la cabeza de alguien que tomó la decisión correcta en el momento oportuno y el destino le pagó con creces.
Pero la imagen del grupie que tradea sus escasos ahorros hasta convertirlos en una montaña de plata con osadas apuestas financieras poco tiene que ver con la construcción de la fortuna personal. Para ser claros: hombres como George Soros, que apostó en 1992 10.000 millones de libras a que esta moneda se devaluaría, no abundan.
Los especialistas del dinero, esos que escriben libros sobre finanzas personales, estudian casos de éxito e intentan alcanzar con mayor o menor suerte la fórmula para hacerse ricos, coinciden en algo: el esfuerzo personal es el que, con los años, trae réditos.
Robert Kiyosaki, el autor del libro Padre Rico Padre Pobre, deja en claro que lo primordial para hacer dinero es la perseverancia. Llega al extremo de recomendar el priorizar la inversión propia y arreglársela como se pueda con las deudas y los créditos tomados. Eso, argumenta, generará cierta autodisciplina financiera y hará aprender a no tirar el dinero.
Marcelo Elbaum, cofundador del fondo de inversión Convexity Asset Management y autor del libro Ser rico es posible, que salió a la venta este mes, lo deja en claro desde el comienzo. “Por lo general, hacer el primer millón de dólares no es algo que se dé de un día para el otro. Lleva entre diez y veinte años”, afirma.
Así, luego de pedir paciencia, brinda a Inversor Global algunos consejos para administrar el dinero y reproducirlo. “Las tres patas de la riqueza son la administración del dinero, su uso – cuánto se gasta y se ahorra - y su administración”, comienza.
La generación del metálico tiene que ver con la economía real, con la actividad de todos los días. “Hay que tener cuidado con el mito de la ‘independencia’, porque sólo el 30% de los emprendimientos llega al segundo año y el 10%, al tercero”, alerta.
Por eso, recomienda “definir qué quiere hacer cada uno con su carrera”, si convertirse en el mejor especialista dentro de determinada área de una compañía o adquirir una visión general y menos detallada que permita ascender más allá del departamento en el que cada uno se desempeña.
En cuanto al ahorro, define que “hay que ser austero sin ser tacaño”. Cuatro consejos al respecto: “Que el auto no supere el 15% del patrimonio neto, evitar las compras compulsivas, que el nivel de endeudamiento no sobrepase el 40% de los ingresos y que las vacaciones no se lleven más que un aguinaldo”.
Por último, a la hora de administrar los recursos generados con el sudor de la frente y no antes es cuando entran los asesores de inversión y el mágico mundo de los mercados financieros.
Elbaum recomienda establecer en la cartera metas de corto, mediano y largo plazo. La primera, para mantener los niveles de riqueza, la segunda, para asentarla sobre bases más sólidas y la tercera, para asegurarse un ingreso futuro.
“Las alternativas de inversión tienen que buscarse de acuerdo a los objetivos personales: si en dos años quiero cambiar de casa, en cinco tener mi propio negocio y en 20 jubilarme, debo manejarme con niveles de riesgo que me permitan congeniarlos”, explica.
No hay recetas que garanticen el éxito ni caminos de rosas. Estos casos, probablemente, aparezcan menos ríspidos que las generales de la ley. Pero sirven para entender un poco mejor qué pasa por la cabeza de alguien que tomó la decisión correcta en el momento oportuno y el destino le pagó con creces.
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